El objetivo es cargarlas con pequeñas partículas magnéticas y que, al ser atraídas por el tumor, ayuden a detectarlo y destruirlo. Participan especialistas del Instituto de Nanociencia y del Clínico Universitario.
OLIVER DUCH. Zaragoza La guerra contra el cáncer se libra en laboratorios y hospitales, donde oncólogos, físicos, químicos, bioquímicos e ingenieros diseñan estrategias para intentar acabar con la enfermedad. En Aragón, y más que nunca, la batalla podría pasar a librarse en el cuerpo de cada paciente.
Un equipo de científicos aragoneses trabaja en un proyecto que consiste en atacar al enemigo desde dentro, y que ellos mismos han dado en definir como un "Caballo de Troya" para el cáncer.
Para ello, se usan células (en particular, dendríticas), que se cargan con minúsculas partículas magnéticas (nanopartículas). El objetivo es que estas células lleguen al tumor, y se introduzcan en él. Si esto ocurriese, mejoraría el diagnóstico (podrían detectarse, mediante resonancia, metástasis que antes no eran visibles debido a su pequeño tamaño) e incluso el tratamiento. De hecho, el proyecto sería un éxito si se pudiera destruir el tumor.
¿Cómo? Está demostrado que las células malignas son especialmente sensibles al calor. Si las mismas están cargadas con nanopartículas que actúan como minúsculos imanes, y se les aplica un campo magnético externo oscilante (de modo análogo a como se hace en una resonancia magnética), se elevará su temperatura. Esta técnica se llama hipertermia magnética y consigue matar las células 'diana' dejando intacto el tejido normal que las rodea.
Una primera estimación apunta a que podría conseguirse con varias sesiones de unos quince minutos cada una.
Este importante proyecto está siendo llevado a cabo por investigadores del Instituto de Nanociencia de Aragón y del Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa. Está amparado, además, por la Universidad de Zaragoza e Ibercaja, que aporta 80.000 euros. Fase a fase
Las expectativas son, por tanto, altísimas, pero los científicos insisten en que es una estrategia delicada y costosa. Alejandro Tres, catedrático de la Universidad de Zaragoza y responsable del proyecto en el servicio de Oncología del Clínico, explicó ayer que, de momento, se ha superado la primera fase que se habían marcado.
Tras un año de trabajo en el laboratorio, los científicos han conseguido cargar células dendríticas humanas con nanopartículas magnéticas de óxidos de hierro y demostrar que no se mueren y que se pueden detectar por medios externos. Esto ha sido a través de procesos in vitro.
Alejandro Tres resumió el proyecto y explicó, en primer lugar, que los tumores, para crecer, necesitan nutrientes y, para alimentarse crean vasos sanguíneos nuevos (neovascularización). Durante todo este proceso, mucho más complejo, atraen a células, algunas de las cuales proceden, a su vez, de células de médula ósea. Otras veces, 'obligan' a algunas que tenían otras misiones a que formen parte de las paredes de los vasos sanguíneos que han creado, y dentro de estas células "esclavizadas" están las dendríticas.
¿Qué características tienen estas últimas? Pues que son células del sistema inmune que, como detalló Tres, actúan de forma parecida a los serenos, ya que "avisan" de la entrada de una infección y dan la "alarma" para que se produzca el rechazo y la eliminación de las mismas.
La clave consiste en lograr introducirlas en el cuerpo, ya cargadas con nanopartículas, aprovechando la capacidad del tumor para esclavizarlas. Por eso mismo, serán atraídas hacia las paredes de los nuevos vasos -gracias a los que crecen y se desarrollan los tumores-, y se habrá conseguido meter al enemigo en 'casa' del cáncer. De lograse esto, y como ya se explicaba antes, las nanopartículas delatarían la posición del tumor por muy pequeño que fuera y, por qué no, podrían derrotarlo con una invasión tan inteligente como la que se llevó a cabo en Troya.
Es en esa segunda fase, en la que ya se trabaja en laboratorio, en la que se utilizan los campos magnéticos para hacer "vibrar" esas nanopartículas, aumentar su temperatura y destruir el tumor.
Efectos mínimos en el cuerpo
El empleo de la nanotecnología aplicada a la oncología puede suponer una terapia altamente eficaz, no invasiva, con efectos mínimos para el resto del organismo, evitando la aparición de toxicidades y consiguiendo, además, una alta especificidad.
No sería posible, además, sin el equipo del Instituto de Nanotecnología de Aragón dirigido por el profesor Ricardo Ibarra, que ayer también participó en la presentación, y que agradeció el trabajo de todos los especialistas que colaboran en el proyecto. Su grupo elabora estas partículas, que tienen el tamaño de un nanómetro (una millonésima parte de un milímetro) y que está experimentando con derivados de hierro que tienen propiedades magnéticas recubiertas de carbono, que las hace tolerables y no tóxicas.
De momento, estos avances no están siendo probados en seres humanos, un paso que podría darse en unos años. Eso sí, se abre una vía, y se apuntan otras que, con la investigación, tal vez puedan ver la luz.
Por ejemplo, la de introducir nanopartículas dentro del tumor con anticuerpos que luchen contra él directamente. Y todo cobra vital importancia si se tiene en cuenta que, cada año, hay 155.000 nuevos casos de cáncer en España.
Además, son 80.000 las defunciones anuales ocasionadas por la enfermedad en el país, lo que la sitúan como uno de los problemas de salud pública más serios.
Un equipo de científicos aragoneses trabaja en un proyecto que consiste en atacar al enemigo desde dentro, y que ellos mismos han dado en definir como un "Caballo de Troya" para el cáncer.
Para ello, se usan células (en particular, dendríticas), que se cargan con minúsculas partículas magnéticas (nanopartículas). El objetivo es que estas células lleguen al tumor, y se introduzcan en él. Si esto ocurriese, mejoraría el diagnóstico (podrían detectarse, mediante resonancia, metástasis que antes no eran visibles debido a su pequeño tamaño) e incluso el tratamiento. De hecho, el proyecto sería un éxito si se pudiera destruir el tumor.
¿Cómo? Está demostrado que las células malignas son especialmente sensibles al calor. Si las mismas están cargadas con nanopartículas que actúan como minúsculos imanes, y se les aplica un campo magnético externo oscilante (de modo análogo a como se hace en una resonancia magnética), se elevará su temperatura. Esta técnica se llama hipertermia magnética y consigue matar las células 'diana' dejando intacto el tejido normal que las rodea.
Una primera estimación apunta a que podría conseguirse con varias sesiones de unos quince minutos cada una.
Este importante proyecto está siendo llevado a cabo por investigadores del Instituto de Nanociencia de Aragón y del Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa. Está amparado, además, por la Universidad de Zaragoza e Ibercaja, que aporta 80.000 euros. Fase a fase
Las expectativas son, por tanto, altísimas, pero los científicos insisten en que es una estrategia delicada y costosa. Alejandro Tres, catedrático de la Universidad de Zaragoza y responsable del proyecto en el servicio de Oncología del Clínico, explicó ayer que, de momento, se ha superado la primera fase que se habían marcado.
Tras un año de trabajo en el laboratorio, los científicos han conseguido cargar células dendríticas humanas con nanopartículas magnéticas de óxidos de hierro y demostrar que no se mueren y que se pueden detectar por medios externos. Esto ha sido a través de procesos in vitro.
Alejandro Tres resumió el proyecto y explicó, en primer lugar, que los tumores, para crecer, necesitan nutrientes y, para alimentarse crean vasos sanguíneos nuevos (neovascularización). Durante todo este proceso, mucho más complejo, atraen a células, algunas de las cuales proceden, a su vez, de células de médula ósea. Otras veces, 'obligan' a algunas que tenían otras misiones a que formen parte de las paredes de los vasos sanguíneos que han creado, y dentro de estas células "esclavizadas" están las dendríticas.
¿Qué características tienen estas últimas? Pues que son células del sistema inmune que, como detalló Tres, actúan de forma parecida a los serenos, ya que "avisan" de la entrada de una infección y dan la "alarma" para que se produzca el rechazo y la eliminación de las mismas.
La clave consiste en lograr introducirlas en el cuerpo, ya cargadas con nanopartículas, aprovechando la capacidad del tumor para esclavizarlas. Por eso mismo, serán atraídas hacia las paredes de los nuevos vasos -gracias a los que crecen y se desarrollan los tumores-, y se habrá conseguido meter al enemigo en 'casa' del cáncer. De lograse esto, y como ya se explicaba antes, las nanopartículas delatarían la posición del tumor por muy pequeño que fuera y, por qué no, podrían derrotarlo con una invasión tan inteligente como la que se llevó a cabo en Troya.
Es en esa segunda fase, en la que ya se trabaja en laboratorio, en la que se utilizan los campos magnéticos para hacer "vibrar" esas nanopartículas, aumentar su temperatura y destruir el tumor.
Efectos mínimos en el cuerpo
El empleo de la nanotecnología aplicada a la oncología puede suponer una terapia altamente eficaz, no invasiva, con efectos mínimos para el resto del organismo, evitando la aparición de toxicidades y consiguiendo, además, una alta especificidad.
No sería posible, además, sin el equipo del Instituto de Nanotecnología de Aragón dirigido por el profesor Ricardo Ibarra, que ayer también participó en la presentación, y que agradeció el trabajo de todos los especialistas que colaboran en el proyecto. Su grupo elabora estas partículas, que tienen el tamaño de un nanómetro (una millonésima parte de un milímetro) y que está experimentando con derivados de hierro que tienen propiedades magnéticas recubiertas de carbono, que las hace tolerables y no tóxicas.
De momento, estos avances no están siendo probados en seres humanos, un paso que podría darse en unos años. Eso sí, se abre una vía, y se apuntan otras que, con la investigación, tal vez puedan ver la luz.
Por ejemplo, la de introducir nanopartículas dentro del tumor con anticuerpos que luchen contra él directamente. Y todo cobra vital importancia si se tiene en cuenta que, cada año, hay 155.000 nuevos casos de cáncer en España.
Además, son 80.000 las defunciones anuales ocasionadas por la enfermedad en el país, lo que la sitúan como uno de los problemas de salud pública más serios.
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